Educar para la paz
La
educación es piedra fundamental de la sociedad, ella forma políticos,
ministros, diputados y directores de instituciones públicas; de los centros de
formación vienen también la mayoría, de empresarios, gerentes de producción,
supervisores, obreros, vendedores, mecánicos, carpinteros, torneros y toda la
larga lista de trabajadores que empujan los engranajes de la producción en la
empresa privada. El docente reproduce en las aulas la sociedad que tenemos.
De ahí
que de los valores que reproduce el sistema educativo, depende en gran medida
el estado de la sociedad. Sin embargo, en nuestro medio ni el individuo, ni el
estado, parecen valorar la función de los docentes, el estado los maltrata y
muchas personas no valoran sus aportes.
En una
coyuntura de cruda violencia como la que actualmente viven Honduras y la mayoría
de países centroamericanos, no existe mejor instrumento de pacificación que la
educación. Su labor constructora de espíritus humanos, tiene la urgente misión
de ir formando una nueva generación capaz de lograr equilibrio armónico en las
relaciones sociales. La educación pública, no debe ser una maquila de obreros
para el mercado de trabajo, los valores practicados en la enseñanza, deben ser aquellos
que construyan en la persona su capacidad de diálogo constructivo.
La paz
nunca fue ausencia de guerra, así como la diferencia entre las personas no son el
equivalente a la guerra o necesariamente su preámbulo. Las sociedades más
desarrolladas no han negado las tensiones que provocan las diferencias, al
contrario, han convertido estos escenarios de sana discrepancia, en una
oportunidad para ventilar los propios problemas y construir las mejores
soluciones. Cuando la paz es hermana mayor de la educación, provee a los
ciudadanos de la oportunidad de transitar de la ingenuidad a la crítica y de
aquí a la propuesta.
Aunque
no sea un momento de gran bonanza para las instituciones educativas, ni para
los docentes, sí es un momento crucial para
la educación para la paz. Esta es hoy más que nunca, un derecho humano y como
tal evidencia lo que se dice de los demás derechos: se presenta al mismo tiempo
como fin en sí mismo y como medio para lograr otros derechos. Valen la pena
todos los esfuerzos de las naciones por educar a sus pueblos, puesto que de esta manera se rescata la dignidad de la
persona humana como ente capaz de aprender,
analizar, criticar y proponer. Pero sobre todo con esta inversión social se
ponen las bases para construir un estado con un crecimiento armónico y con un
sentido de la solidaridad que lo lleva a ocuparse de las necesidades de todos
sus hijos.
La
educación para una cultura de paz, es quizá la única opción que tiene la
humanidad para salvarse a sí misma de las amenazas que ella misma ha creado.
